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Un día en el vermú matancero

Son las once de la mañana del domingo y suena el despertador. Todavía resuenan en mi cabeza las últimas notas de música de la fiesta de ayer y recuerdo el menú de 22 platos de matanza que disfrutamos en el comedor del Virrey Palafox. Sí, es oficial, tengo hambre. 

Me levanto y abro las cortinas de la habitación del hotel. Mientras, cojo el móvil y recuerdo a todos que hoy es el día, y que en menos de una hora tenemos que estar todos en la puerta de  la Cafetería Doña Remedios. Me doy cuenta de que es es el último día nuestro viaje, pero sonrío. "Queda lo mejor", me digo. Y tras poner música en el móvil me pego una ducha y me visto. Estoy listo.  

Bajo las escaleras del hotel, y allí están todos. Tras un escueto –"Buenos días"–,  y una pequeña retahíla de anécdotas del sábado matancero que mejor me callo, nos plantamos en la Doña Remedios. Vamos a vivir por primera vez en nuestra vida el vermú matancero de las Jornadas de la Matanza del Virrey Palafox. ¡Oigan!, que estoy así como nervioso e ilusionado. 

Lo primero, cojamos el tique.

Tenemos hambre y ganas de vermú, así que optamos por coger cada uno un bono de 17 puntos. ¡A lo loco!, que es domingo y mañana hay que currar, ¡hoy no nos para nadie! Pero no todo es felicidad, Luis y María (no os presento a todo el grupo porque somos 15, y no es plan) están un poco reacios.  –"Demasiado para el cuerpo"–,  dicen.  Ayer lo dieron todo y claro, una buena farra a nuestra edad pasa factura. ¡Ains, con lo que hemos sido!

Pero lo cierto es que una vez dentro, nos cambió la cara a todos. Había puestos de comida y bebida por todos los lados. La gente reía y un grupo de música tocaba en directo. No lo podíamos creer. –"¿En serio?, ¡Olé, olé, olé!"–  Sí, lo habéis adivinado, el que gritaba emocionado era Luis. 

Para empezar, encurtidos.

El cochinillo de ayer todavía era un huésped de honor en nuestros estómagos, así que decidimos atacar primero la mesa de los encurtidos, nos parecía más light. Pero lo cierto es que no eran unas simples aceitunas lo que nos encontramos en la mesa. Había anchoas, boquerones, tostas, banderillas... Decidimos compartir pinchos, porque no es plan, hay que cuidar la dieta. Eso sí, mientras probábamos cada uno de los manjares que teníamos delante, en un acto reflejo, comenzamos a corear uno de los temas del grupo, y claro, los pies se fueron solos.  

Bebidas Premium.

Aunque ya teníamos decidido que nuestro próximo objetivo era la mesa de quesos (había quesos de todos los colores y sabores), decidimos que era un buen momento para beber algo. Cada uno fue a lo suyo: que si yo cerveza artesana Arevaka, Luis decía que él, del vermú de grifo Izaguirre no se bajaba, el otro, que dónde esté una buena sidra de barril de Zapiain que se quite todo lo demás... Eso sí, los más clásicos se fueron directos a por el Ribera de Duero, y María, a por una copa de cava Freixenet.      

Hablábamos, bailábamos y comíamos. ¿Qué más se puede pedir a un domingo? Pues había más. Continúanos nuestra expedición gastronómica, copa en mano, por las mesas matanceras. Torreznos, morcilla, jamón, cecina, chorizo, fuet, o fiambre matancero trufado. Todo presentado y elaborado cómo platos en miniatura de la nueva cocina para poder probar de todo. ¡Otra ronda, por favor!

¿Algo de postre?

Estábamos llenos, pero la bebida, la música y el ambiente hacía que quisiéramos terminar con algo dulce. Pues nada, tooodos directos a la mesa de los postres: una brocheta de frutas por aquí, un cochinito de hojaldre por allá, y un mini gin tonic para acompañar, qué hay que hacer la digestión. En fin, cuatro horas de risas, bailes, música en directo, charlas, comida y bebida.

Salimos los últimos, para variar. Y tras una sorpresa que tenía preparada al grupo entero, un buen paseo por El Burgo de Osma para acabar de bajar el vermú y hacer las últimas fotos y las únicas que se van a publicar (las de ayer no las vamos a subir a Facebook, no, no, no), fuimos a recoger nuestras cosas al hotel. Era el turno de volver a casa. Era el turno de decir adiós al fin de semana matancero más divertido de nuestras vidas.  Estábamos desolados, dejábamos atrás nuevos amigos, buena comida, y mucha fiesta.

¡Volveremos, lo hemos prometido!